Le das al botón y sale un chiste: de programadores, malos, de animales, de oficina, de colegio o de bar. El remate viene tapado; lo destapas tú o deja que te lo cuenten. Si le das a la voz, el navegador lee el planteamiento, hace la pausa y remata. Elige voz, velocidad y tono, y guarda los que te hagan gracia. No hay servidor: lee tu navegador y lo que guardas se queda en él.
¿Por qué las focas del circo miran siempre para arriba?
Porque ahí están los focos.
Lee el navegador, con las voces que ya tienes instaladas. No se envía nada: ni el chiste, ni la voz, ni lo que guardes.